Empezar a entrenar cuando estás motivada puede ser fácil. El verdadero desafío aparece cuando estás cansada, tienes poco tiempo o simplemente no tienes ganas.
Y eso es completamente normal. La motivación cambia de un día a otro, por eso no debería ser lo único que sostenga tu rutina.
Mantener el ejercicio en el tiempo tiene mucho más que ver con crear hábitos realistas, adaptar el entrenamiento a tu vida y aprender a seguir adelante incluso cuando una semana no sale como esperabas.
No necesitas hacerlo perfecto. Necesitas encontrar una forma de entrenar que puedas repetir.
Por qué no deberías depender de la motivación para entrenar…
La motivación puede ayudarte a empezar, pero no siempre estará presente.
Habrá días en los que tengas energía y entrenar se sienta fácil. Otros días tendrás trabajo, estudios, hijos, compromisos, cansancio o simplemente ganas de hacer cualquier otra cosa.
Por eso, en lugar de preguntarte constantemente “¿tengo ganas de entrenar hoy?”, puede ser más útil convertir el ejercicio en una parte planificada de tu rutina.
Igual que no necesitas sentir una enorme motivación para lavarte los dientes o preparar tus cosas antes de salir, con el tiempo el entrenamiento también puede ocupar un espacio habitual dentro de tu día.


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